domingo, 20 de enero de 2013

Lo Más Simple (relato)

- Ahora vuelvo, voy a llamar por teléfono- dijo África.
- Vale- le contestó Alfonso.
 
Los dos amigos caminaban por General Pardiñas, una calle con gente educada y muy habitada. De repente así, sin más, África termina de hablar y cuando se gira ¡Alfonso no está!
 
- ¿Cómo es posible?-se preguntaba ella- Tengo que llamar a Débora.
 
Pocos minutos después aparece Débora. África, nerviosa, le explicó lo sucedido, a lo que Débora contestó:
 
- Estás bien, no llames a la policía, no nos creerán, es mejor que lo resolvamos nosotras, solas, sin nadie más. ¿Está claro?
- Vale, pero... ¿ qué es lo que vamos ha hacer?- preguntó con curiosidad África-
- Estoy agoviada... ¡No puedo pensar bien! Podríamos... ¡No! Tal vez... ¿ Y si hacemos todo el trayecto desde el principio? -propuso Debi.
 
Las dos jóvenes caminaros hasta llegar a casa de Alfonso. Allí África se le ocurrió preguntar a la madre y a la hermana de éste.
 
Llamaron a la puerta, y apareció una mujer rubia con ojos oscuros, alta y muy delgada; a su lado una jóven morena y bajita.
 
- ¿Qué queréis chicas? -dijo Inés, la madre de Alfonso.
- Alfonso no está aquí- dijo con voz cansada Julia, la hermana de Alfonso.
- ¿Sabéis dónde está?- preguntó Debi.
- No, adiós- contestó la madre y les cerró la puerta.
- ¡Ha sido muy grosera, vamos a otro lugar! -exclamó África enfadada.
 
¿Por qué han sido tan grosera la familia de Alfonso? ¿Sabían algo? ¿Y si... nos ocultan dónde está?
 
Siguieron caminando hasta donde se perdió Alfonso. No vieron ninguna huella que se notara. Lo que sí vieron era un hombre que les seguía. Se dieron la vuelta y preguntaron al hombre:
 
- ¿Quién eres, por qué nos sigues? -preguntó Débora.
- ¡Ah! Perdón me he confundido.
 
Y se fue. No pensaron que era un sospechoso, pero sí extrañadas de quién era y si decía la verdad. Aún así no era el momento para eso, había que encontrar a su amigo.
 
Llamaron por teléfono a Roberto, uno de los amigos de Alfonso.
 
- Hola Rober, ¿sabes dónde está Alfonso? -preguntó África.
- Sí -respondió Roberto. Y colgó.
 
Sospecharon de él, colgando sin más, ¿quién no iba a sospechar?
 
Se dirigieron a la casa de Roberto, llamaron a la puerta y se encontraron a Roberto jugando a la play.
 
- Buenos días, ¿ está aquí Alfonso? preguntó Débora.
- No, no sé dónde está -suspiró Rober.
- Hace un momento nos has dicho que sí sabes donde está -aseguró África.
- Pues me he equivocado, ¿es qué tú nunca te equivocas? -chuleó Roberto.
 
Las jóvenes molestas, sobre todo África, se marcharon. No sabían qué hacer, solo estaban seguras de que no necesitaban a la policía.
 
Ya eran las ocho de la noche. Cada chica se fue a su casa. Ya tratarían el tema mañana si Alfonso no aparecía.
 
- Hasta mañana -se despidió Débora.
 
A la mañana siguiente quedaron en la puerta de la casa de Alfonso, llamaron y abrió la hermana
 
- ¿Dónde está Alfonso? -preguntó casi llorando.
- Eso mismo íbamos a preguntar nosotras -comentó Débora extrañada.
- Ayer no vino a casa y no ha cogido el móvil, estamos muy preocupadas -intervinó Inés.
- ¡Roberto! ¡Él nos mintió! Estoy segura porque al principio nos dijo que sabía donde estaba y luego que no - Gritó África.
 
Entonces en ese momento se acercaban dos chicos ¡Eran Rober y Alfonso! Inés se tiró a los brazos   de su hijo; seguido su hermana.
 
- ¿Qué has hecho? -preguntó la hermana.
- Lo siento, no quería preocuparos. He estado en casa de Roberto jugando a la play y me quedé a dormir. -sollozó Alfonso, avergonzado.
- ¡Qué susto nos has dado! -Exclamó Julia.
 
Los seis estuvieron hablando hata tarde. Luego explicó porque no avisó, era porque su amigo le llamó en el momento para quedar, se despidieron y cada uno se fue a su casa.
 
- Menuda aventura -contó Debi a sus padres- Voy a escribir un relato sobre esto.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario